jueves 5 de noviembre de 2009

Oda al paciente tocapelotas

A tí, paciente tocapelotas, van dedicadas estas palabras.

A tí, que te da por venir a Urgencias por una tosecilla de un mes de evolución, porque "de esta noche no pasaba".
A tí, que a la pregunta "¿qué le pasa caballero?" respondes estupefacto "pues usted sabrá", como en los chistes malos de adivinos, pero sin hacerte ni puta gracia.
A tí, que te da por venir a las 4 de la mañana por un único vómito que tuviste ayer.
A tí, que no sabes las pastillas que tomas e intentas jugar conmigo a una jinkana imposible para que adivine cuál es "la roja pequeña de la mañana, y la blanquita pequeña de la noche que le va tan bien pa lo suyo".
A tí, que fuiste ayer al médico de cabecera y tenías cita mañana, pero te quedabas más tranquilo viniendo a que yo te diera una opinión intermedia.
A tí, que me dices que no te han operado de nada y al explorarte descubro una amputación y una cicatriz del cuello al corbejón.
A tí, que te manda tu médico de cabecera porque te ha visto algo horrible en un electro y no es más que una arritmia que ya tenías y que él mismo lleva años tratándote.
A tí, que vienes infartado perdido y azul como un pitufo pero lo que más te importa es dejarme claro que hace cinco días que no vas al baño.
A tí, que me dices que no eres hipertenso, ni diabético, ni tienes el colesterol alto, ni tienes ninguna enfermedad importante, y luego veo en tus antecedentes que te han hecho cuatro by-passes en el corazón y estás trasplantado del hígado. A lo que comentas "ah, sí, hombre eso sí".
A tí, que vienes por el dolor de siempre, tan tolerable como siempre, que ya se te ha pasado tomando lo de siempre, debido a lo de siempre, pero te trae tu familia para que me toques los ovarios como siempre.
A tí, que me ves llegar al box con la lengua colgando y con una lista de 15 pacientes en la mano, con un retraso de campeonato, haciendo un intento por parecer simpática y lo menos brotada posible, y al acabar de verte me tiras a la espalda un cuchillo en forma de "¿y esto va pa largo?".
A tí, que juegas conmigo a un macabro juego directamente proporcional. A más prisa tenga y más concisa pretenda ser con lo que te pasa ahora, más años atrás te irás para contarme que el embarazo de tu madre fue espantoso y que tuviste varicela a los siete.
A tí, que vienes con un pedo del quince y aliento a Malibú con piña y unos cuantos acompañantes que se creen que Urgencias es un nuevo after donde acabar la noche, y más que ponerte la B1 me gustaría darte una somanta de palos por no ir a molestar a tu madre en vez de a mi.
A tí, que basta que sólo esté pendiente de que me des una muestra de orina para poder irme a dormir y no paras de hablar por el móvil jugando con el bote en la mano, mientras te miro desde la puerta con cara del gato de Shrek.

A tí, oh paciente porculero, te dedico estas palabras a modo de catarsis para no ponerte cicuta en vez de sueros la próxima vez que te vea.

Oh paciente mosca-cojonera, qué haría yo sin ti...

sábado 19 de septiembre de 2009

Dumbo con la hoz

Siempre he oído hablar del elefante rosa dentro de la habitación, y me ha hecho gracia esa metáfora de las cosas incómodas con las que vivimos en el día a día pero intentamos obviar. Y es que algunas son tan obvias...

Me trae a la memoria un momento corqui de mi infancia, cuando tras horas de retorcerme los sesos entre plastidecor y gomas milán me acerqué a mi madre y le dije todo seria "Mamá, ¿no te has dado cuenta de que a vomitar se le llama también devolver porque claro, comes, y lo devuelves?". Cara de poker de mi madre. Palmadita en la espalda. "Ale, Cristina, ale...". En los últimos meses en el hospital me estoy dando cuenta de algo que, también, de obvio es absurdo, pero no he sido consciente hasta ahora.

Joder, es que la gente se muere. Como dice una canción de Mecano "porque el que muere, no vive más". Joder, es que se acabó. Y no hay más.

El elefante dentro de la habitación participa en una macabra mezcla de la película de las Horas con cualquiera de la Coixet. Vamos, que dobla hasta el apuntador. Y en vez de ser el colosal orejón del zoo, es una mezcla de los elefantes fumados de la película de Dumbo que tanto miedo nos daban de enanos con la imagen del esqueleto con toga negra y la hoz. Un percal de bicho.

Y es que es increíble como perdemos la consciencia de que las vidas se acaban. Quizás me resulte difícil incluir ese punto en el órden del día porque apenas he vivido muertes inesperadas a mi alrededor, me refiero a que no sean ancianos. Pero es así, a diario muere gente en el hospital. Y vamos andando por los pasillos esquivando elefantes, entrando en las habitaciones chocándonos con su gordo culo, y conseguimos seguir sin interiorizar qué es lo que pasa.

Te encuentras con gente que sabe que su vida tiene fecha de caducidad. No como nosotros, que tenemos la fecha en blanco. No, ellos la conocen. Llevan tiempo colegueando con el amigo de Dumbo. Y te piden que les des el alta lo antes posible, porque no quieren desperdiciar ni un segundo más allí. Te piden que el suero y los analgésicos pasen rápido, con un reloj de arena en la mano que no para de caer, y lo más acojonante es que te lo enseñan con una tranquilidad increíble y con una sonrisa.

Eso es lo que más me llama la atención. Quienes saben que su muerte se acerca (por lo poco que he podido ver), están en un estado de calma que choca con el nerviosismo de los sanos. Es como si llevaran a la máxima expresión una frase que le oí una vez decir a Antonio Gala: "con los años, he cambiado la felicidad por la serenidad". Supongo que es fácil pasarte la vida entre la neurosis y el pánico si piensas en la muerte, porque sabes que la tienes lejos o que será inesperada porque estás sano. Pero a los que les da de bruces en la cara, y para más inri le da una fecha a medio-largo plazo, no hay tejemanejes de la mente que valgan. Me muero, lo sé, y cada día es una cuenta atrás así que déjame disfrutarlo.

En estos últimos tiempos pienso en la manera en la que desperdiciamos los segundos. No voy a entrar en el debate del trabajo y las hipotecas porque me sale el ramalazo utópico y no quiero entrar en un ciclo demagógico con este tema. Me refiero a los no me atrevo, me da miedo, me aburro, esto es lo de siempre, el mundo es una mierda, nunca funciona nada, no puedo. El tiempo pasa a un ritmo vertiginoso, y queramos o no es una cuenta atrás. Pero creo que visionarlo como algo trágico es lo fácil, siempre es más fácil ser pesimista, siempre es más fácil resignarse que trabajar en cambiar un cliché. El raro de la sociedad es el feliz. ¿Qué coño le pasa a ese idiota que sonríe tanto? ¿Nunca os han dado ganas de partirle la cara a Jim Carrey? Nos sentimos incómodos con lo que no entendemos.

Hace tiempo leí algo que me impactó mucho, y es que muchas de las conductas pesismistas y auto-destructivas que tomamos son porque inconscientemente nos producen un beneficio (atención de los demás, evadir responsabilidades, no afrontar problemas...). La evolución de la mente humana nos ha hecho ser gilipollas. Para qué entrar en esos bucles freudianos. Coño, seamos felices, que es más fácil. Nuestra mente nos hace pensar que no es así, que cuesta mucho más un sí que un no. Pero no es así. Para qué perder el tiempo pensando que una flor es bonita pero me recuerda al logo del PSOE y qué cabrones son porque menuda crisis hay y qué hago yo este mes y el que viene si claro igual me pasan el cobro de la plaza de garaje y entonces cómo pago el Plus...Coño, mira y huele la flor que tienes delante. Y sonríe.

La gente que sabe que va a morir no tiene tiempo de juegos con su yo interior. No hay tiempo de tener miedo, porque no le aporta nada, más que sufrimiento. Y deciden pasar ese segundo disfrutando de la vida, esa vida que nosotros tenemos y que se nos escapa entre las manos mientras pensamos en cosas "importantes". Y no nos diferencia nada de esas personas, salvo las ganas de echarle un par de huevos, y tiempo. Nosotros tenemos márgen de tiempo para frenar y recapacitar.

Aprendamos de los que más saben de la vida, que son los que no la tienen. We must live each day like it´s the last. God bless them all.

Un beso a todos :)

jueves 13 de agosto de 2009

Exaltación utópica a 40 grados a la sombra

Quiero aprender de mis pacientes. Quiero que ellos aprendan de mí. Quiero que intentes no dudar de mi buen hacer y de los conocimientos que tengo ( o se me presuponen tener ). Quiero que si me equivoco entiendas que soy un ser humano, que en mi profesión no hay Ctrl+Alt+Supr sino errores que repercuten en la salud y es algo irremediable. Quiero sentir que formo un equipo con todos los miembros del hospital. Quiero que una enfermera no me mire mal de primeras o se extrañe si la llamo delante de el paciente "compañera". Quiero hacerte sentir cómodo tras un mes de hospitalización con alguna broma. Quiero que me la devuelvas. Quiero que me llames por el nombre de pila. Quiero saberme todos los nombres. Quiero que me perdones si te hago daño la primera vez que pincho una tripa. Quiero pensar que un error me acerca más a un acierto. Quiero que por encima de todo se respete a los profesionales y no se ponga en duda su dedicación. Quiero que por encima de todo se piense en la persona y no en el caso clínico. Quiero pensar que he hecho todo lo posible cuando fallece un paciente (aunque ahora sólo sea ir a verle a la habitación y rellenarle una analítica). Quiero pensar que en el futuro primarán las familias agradecidas a las reivindicativas. Quiero pensar que te vas a casa mejor. Quiero pensar que cada día que llego a casa he avanzado como médico y como persona. Quiero empezar a rotar por mi especialidad. Quiero poner una consulta. Quiero ofrecerles una infusión a mis pacientes en la sala de espera. Quiero ofrecerles terapias farmacológicas y físicas. Quiero que se animen a probar terapias alternativas. Quiero que se vayan a casa con sus recetas en papel reciclado y con alguna aguja de auriculoterapia. Quiero un parque donde llevarles a hacer Tai Chi. Quiero una sala donde puedan hacer Yoga. Quiero un centro donde puedan hacer todo esto o simplemente no sentirse enfermos respirando aire limpio. Quiero ser Patch Adams. Quiero ser la Doctora Stevens. Quiero ser el chino que salía en Lo Más Plus. Quiero ser Xumari. Quiero que me quieras y me aceptes como la médico que quiero ser, y que comprendas que sólo voy en ese camino porque creo que es lo que más te puede ayudar. Quiero no equivocarme al pensar todo esto. Quiero luchar por demostrar que no hay caminos acertados o erróneos, sino distintos caminos cuando se habla de tratar a un paciente.

Quiero que los años no me quiten las ganas de querer siempre algo más, y más, y más.

Quiero pensar que la vida es eso que escriben los utópicos y aquello que los conformistas sólo ven pasar.

http://www.youtube.com/watch?v=7nnqXA9rmqI

viernes 24 de julio de 2009

Los dioses deben estar locos

Aún me cuesta encontrar mi sitio en el hospital. Me resulta complicado integrar mi forma de ver la vida en el microcosmos que se crea en esas paredes. Todo cobra una nueva dimensión, una nueva perspectiva en la que no termino de encontrar hueco. Pienso que mi filosofía de vida está fuera de lugar en los guiones diarios. A veces quiero pensar que es fácil sentirse así al empezar, y que la experiencia de los años te hace mutar a una persona capaz de separar la enfermedad de la persona. Otras veces quiero negarme a que eso ocurra. Otras pienso que todo se basa en el ritmo vertiginoso en que nos movemos. Otras simplemente me auto-recrimino por pensar que soy la única a la que le sorprenden determinadas actitudes.

La supremacía del médico es un arma de doble filo más jodida de lo que pensaba. Siento que esta profesión te coloca en el pico de una gran montaña, desde la que ves la vida de las personas desde una perspectiva que no conocen, desde la que manejas información privilegiada que escondes en una manga y sólo sacas al tablero si quieres mus. Una ladera te conduce a la ancestral figura del médico que parte y reparte sin consentir atisbos de error, la otra conduce a quitarse la bata y ser uno más. Apenas llevo un par de meses trabajando, ya me he visto rodando por ambas lomas, y ninguna me ha dejado buen sabor de boca.

Cuando mi idealismo happy flower ha asomado en jornada laboral, me he dado la ostia con la realidad pura y dura, y me he dado cuenta de lo difícil que es manejar la relación médico-paciente como un bis a bis, de igual a igual, tratando de argumentar y debatir. Round 1: politoxicómano en urgencias que viene a pedir ayuda, hablé demasiado. Round 2: crisis de ansiedad en urgencias, me dejó sin argumentos. Round 3: paciente cabreado, mi versión Zapatero-conciliadora le cabreó aún más.

Me ha sorprendido verme en el otro lado de la colina, hinchando repentinamente el pecho como un gallo de pelea cuando un paciente te rebate un tratamiento o se pregunta si eso que pone en tu bata de "residente" equivale a médico. Me he visto alzando el cuello como una cobra, sisando y avisando para demostrar no se el qué.

Esto me ha llevado a ser consciente del divertido ty complejo juego de equilibrio al que me enfrento. Cómo llegar a ser respetada a la vez que cercana. Cómo concebir a los pacientes como iguales con los que tratar a pie de montaña en un punto neutral pero con la distancia necesaria para no ser nociva para ellos (ni para mi misma).

Me sirve de mucho ver a mi alrededor ejemplos del médico que quiero ser y del que me quiero alejar lo más posible. Veo en algunas personas destrezas increibles para comunicar malas noticias con contundencia pero cercanía, para pensar qué es lo que necesita un paciente y no qué me dice un algoritmo, para conjugar curar o solucionar un problema físico con darse cuenta de que detrás hay una persona que tiene miedo.

Pretendo que todo esto me haga olvidar vivir cosas como decidir unilateralmente sin ver si quiera la cara de un paciente ni de sus familiares que no es subsidiario de un tratamiento que puede mejorar los 6 meses que le quedan de vida, simplemente porque "cuesta 2000 euros y va a morirse de todas maneras". Me da mucho miedo verme haciendo algo así algún día, sin ser consciente, dejando de sentir un vuelco en el estómago pensando lo que pensé en ese instante ("¿y si fuera mi abuelo?"). No soy nadie para juzgar, pienso que no hay verdades ni opiniones absolutas. Sólo quiero acercarme a ser el médico que sé que quiero ser, y algo en mi interior me dice que eso está muy lejos de mi propósito.

Siempre dicen que es fácil ser idealista y revolucionario cuando se es joven. Quiero seguir mucho tiempo pensando que los dioses deben estar locos para tirarme desde el cielo una botella de Coca-Cola de cristal. No quiero perder la ilusión de asombrarme por la vida, y de correr al poblado a enseñársela a la tribu. El día que sienta que he perdido la batalla y que el sistema se come mis utopías habré muerto un poco.

http://www.youtube.com/watch?v=-A98IbBhLRE (minuto 8.45)
http://www.youtube.com/watch?v=z26jKCg7tdw

Un beso a todos.

miércoles 10 de junio de 2009

¿Alguien ha llamado a bioquímica?

Tengo la sensación de llevar un año trabajando y apenas han pasado dos semanas. En estos días he empezado a depurar una estudiada técnica de camuflaje. En los documentales del Nat Geo lo llaman "la supervivencia a través del mimetismo con el entorno del camaleón tropical". En mi día a día se llama "cómo hacer que médicos y enfermeras no se den cuenta de que no tienes ni idea".

Parece ser que ya se saben mi nombre. Y nunca oirlo me ha producido tanto canguelo. Me recuerda a ese tono que ponían nuestras madres de pequeños al llamarte, y reconocías a distancia como el preludio de una bronca o un zapatillazo en el culo sin explicación previa. Vuelvo a tener esa sensación con 26 años, oigo mi nombre en boca de alguien de la planta y sólo pienso "no, no, a mi no..." y me hago mentalmente muy pequeña, como un bicho bola.

Lo que viene después es variable, aunque se puede categorizar en base a la taquicardia o aflojamiento de esfínteres que produce.

El grado mínimo conseguido hasta el momento es tener que rellenar algún papel que les falta a las enfermeras; no hay problema, en semana y media te has hecho un master acelerado sobre todos los papeles rellenables posibles en una horquilla de 3 km a la redonda, no sabes qué estás pidiendo exactamente pero parece que les sirve y te dejan en paz.

El grado intermedio es ponerte al teléfono..."¿alguien ha llamado a bioquímica?"...miras a tu alrededor, no hay nadie de tu equipo y sabes que han llamado, te toca ponerte sí o sí y lo solucionas como puedes, aunque sabes que igual has ampliado la analítica con una prueba de embarazo para el de la 16-2 que es un anciano prostático e impotente.

El record histórico hasta la fecha lo tiene el momento transfusión. Como eres lenta de cojones te quedas a comer en el hospital y vuelves a subir a planta a terminar de historiar a algún paciente nuevo. Obviamente, estás sola en la salita de médicos. Y entonces ocurre. Entra la enfermera. Te mira. La miras. Ella sabe que no tienes ni puta idea. Tú lo corroboras con un tic en el ojo. Mira a su alrededor buscando alguna opción mejor que tú para solucionarla la papeleta. La impresora le parece más fiable que una R1 recién llegada, pero no firma peticiones, así que te mira y te dice "ha llegado la hemoglobina de la 13-3, está anémica perdida, ¿qué hago, la transfundo?". Entonces haces un esfuerzo mental de los que hacen época, tratas de recordar cada comentario y movimiento vivido ese día por si en algún rincón de tu mente está la respuesta, y tras unos minutos (que esperas que desde fuera la enfermera los haya vivido como que estás planteándote algoritmos del Harrison) rescatas con helicóptero de una muerte segura una frase de tu adjunta que escuchaste a primera hora..."reservar concentrados de hematíes que igual a esta mujer hay que transfundirla". Ordago a chica. Pónselo. Espero no ver a la señora en los juzgados de Plaza Castilla.

Os tendré al corriente de mis peripecias. Puede que el próximo capítulo sea alguna guardia, chicha de la buena.

Un beso a todos.

PD: se rompen las estadísticas previstas por muchos. El ritmo de tactos rectales ha bajado estrepitosamente. Debe ser que se me va quitando la cara de novata.

miércoles 27 de mayo de 2009

Empezando a cotizar en la SS

Día 1 d.V. (después de las vacaciones).

Hoy he empezado oficialmente a trabajar. Comienzo a rotar por un servicio que no es el mío, y así será durante el próximo año y medio a través de distintas secciones. De las 3 co-R (co-residentes) que somos, en teoría yo tenía la mejor rotación de inicio. En teoría.

Comienza el día. Experimento con el transporte. Hoy en vez de Metro + Cercanías y 50-60 minutos de viaje, cojo el coche. Tardo 20 minutos hasta el hospital, y otros 20 en pasar la cola del parking y encontrar un escondrijo llamado plaza en la 4ª planta. Sólo son las 8 am y ya hay problemas para aparcar. Conclusión: acabaré haciéndome amiga de los gorrillas de fuera si quiero dejar el coche en algún sitio.

Abro por primera vez mi taquilla. Me pongo la bata, cojo el fonendo y el Medimecum y...cambio número 1 respecto a la vida de estudiante, ahora no puedo irme a desayunar mi zumo-barrita de pan tostado a la cafetería antes de ir a prácticas, ahora tengo que ir a una sesión clínica.

8.05 am. Sesión clínica. Hasta arriba de médicos. Todos asienten y charlan por lo bajo comentando el caso. Cambio número 2: ya no dormitas en última fila, ahora pones la mano en la barbilla, frunces el ceño, e intentas parecer una más.

Acaba la sesión, pregunto con qué adjunto (digamos que es mi jefe, el que me evalúa) me ha tocado. Y escucho esa frase que nadie quiere escuchar, y menos el primer día. "Lo siento, te ha tocado con la peor". Bien, vamos bien. El día promete.

Conozco a la residente mayor que rota conmigo, me dice su nombre pero yo sólo soy capaz de ver un salvavidas con ojos que me habla. "No es tan mala, sólo que está un poco brotada la mujer, es muy maniática, a veces te grita, no es nada didáctica y casi siempre nos deja solas en planta". Ah, vale, no es tan mala. Sólo va a hacer que mis primeros 3 meses sean un infierno en cuanto alguien me pida que ponga un tratamiento y yo sólo sepa recetar pastillas Juanola.

Curso acelerado de subsistencia, otro residente mayor me explica a lo largo de la mañana cómo firmar las altas, hacer los evolutivos, pedir partes interconsultas, mirar las gráficas, hacerme amiga de las enfermeras (otras que para mi son flotadores con patas en medio del océano), y me explica los tratamientos básicos para no quedar como una lerda. Dios bendiga a ese residente, me acordaré de él toda la vida.

Momento novatada de la mañana. "¿Has hecho algún tacto rectal?". Y piensas, recuerdo que un día en una práctica de cirugía le metí un dedo a un señor por el culo, puse cara de saber lo que hacía, y lo saqué. Si eso es un tacto rectal sí, he hecho uno. Después de eso los evité sistemáticamente en los siguientes años pasándole el marrón al estudiante que tenía al lado. Cambio número 3: ahora te jodes y lo haces. "Pues hala, házselo al de la 13-3, y ponte 2 guantes". El resto es demasiado escatológico para contarlo, sólo os diré que tras la frase de la enfermera "igual se hace caca" el paciente no ha defraudado.

Voy a pegarme como una rémora a todo lo que vea, y a aprender el máximo en estos 3 meses de rotación. Me gusta el plan que veo, pero me asusta verme sola con toda la planta en algún momento teniendo que decidir algo. Os lo dice la pringada que hoy, en el día cero, se ha enterado de que el Perfargán famoso es paracetamol...quizás mañana aprenda la diferencia entre boli y lápiz. No me he sentido más pringada en mi vida...cambio número 4: ahora te pagan por ser una tolai.

Cuando era estudiante veía todo esto desde la distancia que te da la frase mágica "tengo que irme, tengo clase". Pero ahora no, ahora soy yo la que veo cómo la gente se va a clase y me quedo escribiendo, pensando cómo acabar la frase "el paciente hoy se encuentra estable y...". ¡Y yo qué se macho, está en un hospital, estará jodido digo yo! ¡Hemos ido 4 médicos a verle, algo tendrá!

Ni d.C. ni leches, d.V. sí que es algo que marca una nueva era.

Hola, soy médico, la cara de achantada que tengo es circunstancial y espero que con fecha de caducidad.

¡¡¡Un beso a todos!!!

martes 12 de mayo de 2009

El ataque de las agujas asesinas

Primera escena. Abre la puerta, entra a una habitación en la que un grupo de personas están sentadas en sillas formando un círculo. Toma asiento. Silencio cómplice. Cierra plano hacia su cara y...

"Hola, soy médico y soy muy aprensiva", dice ella.
"Hooooooooooooola", contesta el resto del grupo al unísono. Un par de cabrones saluda con una sonrisa en la boca, luchando por reprimir el "¿qué me estás contando?" que les sale del alma y que en ese instante pugna con el respeto que se presupone al estar en una terapia de grupo. Parece que vence la solidaridad y ella no se percata del descojone general.

He vivido esa situación muchas veces en los últimos años. No se qué tipo de superpoder se nos presupone a los médicos, pero a mi no me ha tocado ni de refilón. Hay una leyenda urbana que dogmatiza que todo licenciado en Medicina es devoto de la sangre, las agujas y el sufrimiento ajeno. Me fui de la universidad el día de mi graduación creyendo que llevaba todo el trabajo hecho y no, parece que al final del acto repartían esa capacidad y yo me lo perdí.

Tengo el record de desplomes en quirófanos y salas anexas. Me caigo con una gracia y un desparpajo...técnica depurada durante 6 años. "¿Cómo puede pasarte, si eres médico?". Cuántos culos habré pateado mentalmente tras oir esa frase una y otra vez.

Llevo una semana pinchando limones en casa con agujas que robé en mi época de estudiante. Desde finitas agujas, a vías, pasando por mis favoritos, los que yo bautizo como arpones de ballenas. El limón a su lado parece un lacasito acojonado.

Y hoy he ido a mi centro de salud un par de horas a ver cómo le sacaban sangre a los abueletes. He estado sentada al lado de una enfermera a punto de jubilarse, muy amable y bastante mañosa la mujer, porque era capaz de buscar venas inexistentes a la vez que vigilaba de reojo si seguía ahí mirando o me había ido de visita al suelo. Luego ha venido otra, también en fase de pre-jubilación pero bastante borde, se la notaba la tendencia anti-médicos. Me ha soltado un par de pullas que me ha costado esquivar, pensaba que iba a hacerme alguna putadita en plan novatada de fraternidad acercándome alguna aguja, pero se ha quedado en nada. Enfermeras 1- Médicos 0.

Supongo que todo será acostumbrarse, y que llegará el día en que todo esto quede como una anécdota. Aún así voy con ganas de superar mis miedos, sabiendo cuáles son mis límites (por algo he escogido una especialidad que huye de todo eso, a mi me gustan las consultas y el trato con pacientes que no requieran perforaciones ni suturas) y sabiendo que aún oiré esas frases algunas veces más.

Creo que se el tipo de médico que quiero ser, durante la residencia tendré que alejarme de esa idea para ser lo más completa posible y aprender lo máximo, ya habrá tiempo después de poder elegir qué campos tocar y cuáles evitar (mi propósito es que estos último sean por decisión propia y por gustos, no por miedo).

Visualizando agujas y derivados. Pulso normal. Consciencia mantenida. Suelo a una distancia prudencial. La terapia de grupo funciona.

resiZENte 1- agujas 0.