Siempre he oído hablar del elefante rosa dentro de la habitación, y me ha hecho gracia esa metáfora de las cosas incómodas con las que vivimos en el día a día pero intentamos obviar. Y es que algunas son tan obvias...
Me trae a la memoria un momento corqui de mi infancia, cuando tras horas de retorcerme los sesos entre plastidecor y gomas milán me acerqué a mi madre y le dije todo seria "Mamá, ¿no te has dado cuenta de que a vomitar se le llama también devolver porque claro, comes, y lo devuelves?". Cara de poker de mi madre. Palmadita en la espalda. "Ale, Cristina, ale...". En los últimos meses en el hospital me estoy dando cuenta de algo que, también, de obvio es absurdo, pero no he sido consciente hasta ahora.
Joder, es que la gente se muere. Como dice una canción de Mecano "porque el que muere, no vive más". Joder, es que se acabó. Y no hay más.
El elefante dentro de la habitación participa en una macabra mezcla de la película de las Horas con cualquiera de la Coixet. Vamos, que dobla hasta el apuntador. Y en vez de ser el colosal orejón del zoo, es una mezcla de los elefantes fumados de la película de Dumbo que tanto miedo nos daban de enanos con la imagen del esqueleto con toga negra y la hoz. Un percal de bicho.
Y es que es increíble como perdemos la consciencia de que las vidas se acaban. Quizás me resulte difícil incluir ese punto en el órden del día porque apenas he vivido muertes inesperadas a mi alrededor, me refiero a que no sean ancianos. Pero es así, a diario muere gente en el hospital. Y vamos andando por los pasillos esquivando elefantes, entrando en las habitaciones chocándonos con su gordo culo, y conseguimos seguir sin interiorizar qué es lo que pasa.
Te encuentras con gente que sabe que su vida tiene fecha de caducidad. No como nosotros, que tenemos la fecha en blanco. No, ellos la conocen. Llevan tiempo colegueando con el amigo de Dumbo. Y te piden que les des el alta lo antes posible, porque no quieren desperdiciar ni un segundo más allí. Te piden que el suero y los analgésicos pasen rápido, con un reloj de arena en la mano que no para de caer, y lo más acojonante es que te lo enseñan con una tranquilidad increíble y con una sonrisa.
Eso es lo que más me llama la atención. Quienes saben que su muerte se acerca (por lo poco que he podido ver), están en un estado de calma que choca con el nerviosismo de los sanos. Es como si llevaran a la máxima expresión una frase que le oí una vez decir a Antonio Gala: "con los años, he cambiado la felicidad por la serenidad". Supongo que es fácil pasarte la vida entre la neurosis y el pánico si piensas en la muerte, porque sabes que la tienes lejos o que será inesperada porque estás sano. Pero a los que les da de bruces en la cara, y para más inri le da una fecha a medio-largo plazo, no hay tejemanejes de la mente que valgan. Me muero, lo sé, y cada día es una cuenta atrás así que déjame disfrutarlo.
En estos últimos tiempos pienso en la manera en la que desperdiciamos los segundos. No voy a entrar en el debate del trabajo y las hipotecas porque me sale el ramalazo utópico y no quiero entrar en un ciclo demagógico con este tema. Me refiero a los no me atrevo, me da miedo, me aburro, esto es lo de siempre, el mundo es una mierda, nunca funciona nada, no puedo. El tiempo pasa a un ritmo vertiginoso, y queramos o no es una cuenta atrás. Pero creo que visionarlo como algo trágico es lo fácil, siempre es más fácil ser pesimista, siempre es más fácil resignarse que trabajar en cambiar un cliché. El raro de la sociedad es el feliz. ¿Qué coño le pasa a ese idiota que sonríe tanto? ¿Nunca os han dado ganas de partirle la cara a Jim Carrey? Nos sentimos incómodos con lo que no entendemos.
Hace tiempo leí algo que me impactó mucho, y es que muchas de las conductas pesismistas y auto-destructivas que tomamos son porque inconscientemente nos producen un beneficio (atención de los demás, evadir responsabilidades, no afrontar problemas...). La evolución de la mente humana nos ha hecho ser gilipollas. Para qué entrar en esos bucles freudianos. Coño, seamos felices, que es más fácil. Nuestra mente nos hace pensar que no es así, que cuesta mucho más un sí que un no. Pero no es así. Para qué perder el tiempo pensando que una flor es bonita pero me recuerda al logo del PSOE y qué cabrones son porque menuda crisis hay y qué hago yo este mes y el que viene si claro igual me pasan el cobro de la plaza de garaje y entonces cómo pago el Plus...Coño, mira y huele la flor que tienes delante. Y sonríe.
La gente que sabe que va a morir no tiene tiempo de juegos con su yo interior. No hay tiempo de tener miedo, porque no le aporta nada, más que sufrimiento. Y deciden pasar ese segundo disfrutando de la vida, esa vida que nosotros tenemos y que se nos escapa entre las manos mientras pensamos en cosas "importantes". Y no nos diferencia nada de esas personas, salvo las ganas de echarle un par de huevos, y tiempo. Nosotros tenemos márgen de tiempo para frenar y recapacitar.
Aprendamos de los que más saben de la vida, que son los que no la tienen. We must live each day like it´s the last. God bless them all.
Un beso a todos :)